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martes, 14 de enero de 2014

Ella... de la tristeza y los problemas. Conversaciones.

Adoraba esos momentos en los que hablaban, no podía evitar una sonrisa en su cara, pero a veces surgían cosas que le entristecían y daban para escribir al respecto y ésta era una de esas: ¿No es duro absorber tanto? ¿Cómo lo manejas? ¿Cómo lo expulsas? Hablaban de la tristeza...

Ella respiró, y contestó: - Durísimo! Paciencia y fuerza, cielo, no queda otra. Convenciéndote de que no ganas nada lamiéndote las heridas, de que es mejor ocuparse que preocuparse y... llorándotelo, también, un poquito, es como una manera de decir: "Vale, ya me lo he llorado, ahora a ocuparse".

Ella pensó: Los problemas existen, a cada cual (y a cada edad) le parece que los suyos son los más horribles, pero eso no cambia el hecho de que haya que gestionarlos y de que, puesto que la existencia no admite representantes, cada uno debe gestionar sus propios problemas. Pero en este caso se trataba del problema de un hijo, en este caso estaba justificado que los hiciera suyos. A los hijos hay que darles las herramientas necesarias para aprender a gestionar sus problemas, no deberíamos resolverlos nosotros, les privaríamos en ese caso de una parte importante de su crecimiento personal, la vida es durísima y no vamos a estar allí donde nos necesiten, siempre que nos necesiten, de hecho sería lo más deseable que no nos necesitaran, es duro, pero es así, es la consecuencia natural de hacerse adulto.   

Pero se estaba yendo del tema, no era esa la cuestión... ¿Cómo se gestiona la tristeza?

En principio: mal! Es "humano" que nos afecte, incluso que nos "hunda" y nos arranque unas lágrimas, pero es inútil estancarse en ese sentimiento, si lo haces, el agujero que dibuja la tristeza cada vez será más profundo y cada vez te costará más salir de él, es un pozo sin fondo, en el que nunca ves el final.

A veces, lo que provoca esa tristeza no tiene solución o la solución es lenta, incluso a veces no depende de nosotros, en ese caso no queda otra que aceptarlo y seguir adelante, seguro habrán miles de cosas capaces de llenar el espacio que ocupa ahora la  tristeza, pequeñas cosas que acontecen a nuestro alrededor, podría ser incluso que, inmersos en nuestra tristeza, no nos demos cuenta de esas otras cosas; de hecho, si estamos "hundidos" en el agujero oscuro de la tristeza no seremos capaces de ver lo que pasa fuera y corremos el riesgo de perdernos esas otras "cosas bonitas" capaces de llenar ese agujero dibujando la escalera que nos permita salir de él. No es fácil pensó ella. Y no lo era... pero era necesario.

Pero, seguía yéndose del tema ¿Y si esa tristeza es la tristeza de alguien a quien quieres? ¿Y si esa tristeza es la tristeza de un hijo? ¿Y si te sientes culpable de esa tristeza? Era complicado, de alguna manera ella también se sentía triste porque le quería... y le entristecía ¿Puede la tristeza contagiarse?... Puede cuando alguien te importa, sin duda. 

Es normal sentir como propia la tristeza de los hijos pero, es necesario que se enfrenten a ella. Es nuestra labor como padres proporcionar a nuestros hijos las herramientas adecuadas para afrontar las situaciones que les provocan tristeza y, saber que puedes contar con tus padres cuando crees que todo se hunde a tu alrededor es importante y decisivo a la hora de enfrentarse a los problemas con éxito. Poco a poco irán necesitando menos de nosotros, es paradójico el hecho de que entristece saber que tus hijos crecen y ya no te necesitan en la misma medida que satisface ver que se han convertido en personitas independientes capaces de gestionar (bien) sus tristezas y problemas; porque tenerlos, los tendrán, es utópico pensar que no vaya a ser así y es nuestra labor proporcionarles la destreza para enfrentarse con éxito a ellos y no desdeñar el hecho de que la experiencia es un plus y los problemas, incluso los que se resuelven sin éxito, son también una buena manera de aprender y adquirir capacidades para enfrentarse a ellos en el futuro.

No podía darle más respuesta que la que se deduce de estas lineas: consejo y consuelo; y mimos, muchos mimos: un beso todo lo cura! 

Además de enfrentarte a la tristeza de un hijo deberás enfrentarte a la tristeza que ella te causa, y no es fácil -pensó- en ese momento deseó abrazarle y besarle.  



martes, 24 de diciembre de 2013

Del amor y el desengaño. Patchwork

No puedo, todavía, escribir el capítulo IV y V pero una buena amiga me dijo este fin de semana que siguiera con el relato y cuando estuviera "preparada" escribiera hacia atrás, así que con un café, música y un mientras me fumo un cigarro me dispongo a seguir con el relato adelantándome unos cuantos años en la linea de tiempo.

Marta dejó atrás cuatro años de relación con Carlos, él había empezado la universidad y ella a trabajar mientras estudiaba empresariales. Era enero pero, en marzo, el día su cumpleaños, de él, se volvieron a ver, aquella noche ocurriría algo que deberá ser contado en el cuarto capítulo, ese mismo verano Marta empezaría a salir con el mejor amigo de Carlos, que se convertiría en su marido unos años después y luego en su ex marido.

El capitulo V, y diez años con una persona tóxica, es de aquellas historias que te dejan marca, sobre todo los dos últimos años, pero la vida sigue y las heridas cicatrizan, siempre, y quedan, es la manera que tiene la vida de darnos lecciones. Tan sólo unas lineas que fueron escritas y nunca publicadas, ni siquiera están fechadas, pero que siguen siendo muy actuales:


Hace un rato estaba tomando una copa de vino de una botella que quedó abierta ayer y estaba pensando en mis hijos, en lo mucho que los amo, en lo importantes que son en mi vida y en lo que me aportan. Es obvio, ¿no?... Bueno, pues parece que no. Hay gente para la que sus hijos son un trozo de papel para lanzarte a la cara a la mínima o cuando quieren conseguir algo, cuan cobarde es aquel que te amenaza con tus hijos, cuan mezquino utilizarlos para conseguir sumisión y obediencia, y no debería extrañarme pues el mentiroso miente, el mezquino amenaza, y el vengativo se levanta cada día pensando qué puede hacer hoy para que sufras, y por eso no me extraña ni sorprende. Parece mentira que una sola persona pueda reunir esas tres cualidades y parecer una persona "normal". 
Pero... lo mejor de todo es que me siento maravillosamente bien, porque no me importa ni para molestarme en que me importe, porque tengo tres hijos maravillosos a los que adoro y porque por su culpa: soy feliz!! 
Creo en el porvenir, y en el presente, que es un regalo, por eso lo llaman así. Y el pasado, pues eso ...pasó. 

Y como la vida pasa, el capítulo sexto debería empezar a mediados de 2011...

El verano de 2011 Marta había conocido a Mario, hablaban casi a diario, reían, y "tonteaban". ¿Cuándo te das cuenta del verdadero  significado de lo que estás leyendo? ¿La verdad? Supongo que desde el principio pero, lanzarte a la  piscina  sin saber si hay agua es un poco suicida y Marta no tenía la más mínima intención de suicidarse así que... preguntó (cómo si no supiera ya la respuesta).

Mario vivía a cientos de kilómetros de Marta lo cual no impidió que se vieran pero: Los finales felices son historias inacabadas (Brad Pitt en Sr. y Sra. Smith) o, como le dijo no hace mucho Mario a Marta: a veces conoces a la persona adecuada en el momento inadecuado. Marta y Mario son buenos amigos, se mantienen en contacto pero algo pasó.... El día del cumpleaños de Mario, en la primavera de 2012, Marta le felicitó y se prometió a si misma no volver a contactarle salvo que partiera de él la iniciativa, tenía una corazonada y quiso comprobarlo. Nunca apuestes con los sentimientos como único activo para cubrir la apuesta. El caso es que Marta y Mario no volvieron a hablar hasta agosto, él no volvió a ponerse en contacto con ella y Marta cumplió lo que se había prometido pero, y por casualidad (la historia quedó escrita aquí) ese agosto Marta se puso en contacto con él y aunque ninguno de los dos se pidió explicaciones, ambos, supongo, tenían la necesidad de hacerlo, habló la sinceridad, también el corazón, apareció la disculpa y se impuso la razón, supongo ese es el desenlace lógico de las historias cuando tienes delante a alguien a quien has querido, y quieres, aún, como amigo que será siempre, y no ha habido intención de herir.

Ese verano no pasó "en blanco" para Marta pero esa es otra historia que deberá ser contada en otro momento aunque quedó reflejada aquí y en una entrada dedicada a la mentira.

Son sólo retales de una larga historia que empezó hace casi 25 años, un trabajo de patchwork que acabaré así, a cachitos... Supongo que era más fácil hablar de Marta cuando había más distancia, cuando las personas implicadas no podían reconocerse en el relato porque, seguramente, no lo lean (o ni se acuerden), supongo que algún día lo pondré todo seguido y tendrá más sentido, de momento sólo son unas cuantas letras dispersas que me ayudan a recordar.

Por cierto, esto es lo que escucho:



Feliz Navidad!!

Lisy.















jueves, 11 de abril de 2013

When one door closes, another opens....

Un día de estos me lío la manta a la cabeza y sigo con la serie "Del amor y el desengaño", un día de estos ;)

Mientras tanto, un par de reflexiones, lo que se me viene a la cabeza escuchando esta canción:


Voy a estar ahí tan pronto como pueda, 
pero estoy ocupado arreglando 
las piezas rotas de la vida que tuve antes

Sinceramente, nadie debería pasar demasiado tiempo arreglando "la vida que tuvo antes", suele ser suficiente con "cerrar la puerta", cicatrices quedan, siempre, experiencia, aprendizaje... necesarias. 

No derrames una sola lágrima cuando contemples tus cicatrices... "lo que no te mata, te fortalece".

#AbriendoPuertas... Feliz jueves.

Lisy.



domingo, 7 de abril de 2013

Un lugar llamado tú...

Un lugar que imaginaste en noches serenas, donde los días son perfectos y las noches son eternas, un lugar que imaginaste llamado tú.

Ese beso que no me has dado, que me envuelve cada noche y me susurra "despierta" cada mañana, que me desconcierta, que sueña con ser algún día.

Una caricia que espera, la noche, las ganas y tú.

Sentimientos a flor de piel cada vez que irrumpes en mi cabeza, estas ganas que me marean, que solo hablan de ti... de ese lugar llamado tú.





sábado, 6 de abril de 2013

Ella...

Tarde de sábado, pensamientos inconexos, o no... Unas letras, perdidas entre otras miles, una frase que te hace sonreír, esperas la siguiente sin ninguna expectativa pero con ilusión. Aparece la razón y te dice: No. Pero llega la siguiente y sonríes de nuevo. Las letras dejan paso a la voz, la misma sensación, un escalofrío recorre tu cuerpo y nuevamente dices: No. Nunca hiciste demasiado caso a la razón, los pies siempre en el suelo, la cabeza un poco en las nubes... la misma sensación una y otra vez y te dejas envolver.


jueves, 15 de noviembre de 2012

Ella, ahora que nadie nos oye...

... siguiendo con la entrada del otro día:

Sobre la amistad y otros cuentos (2ª parte)

Me gustaría introducir un concepto nuevo: "amienenmigo"... trataré de explicarlo de manera fácil, o no ;)

Es mi manera de clasificar a gente que aprecio y quiero pero con la que prefiero mantener una distancia prudente, un trato aséptico. Parecerá un oximorón pero no lo es. Son esos amigos que lo fueron, y muy buenos, con los que es mejor no intimar demasiado, bien por su forma de ser o por su proceder, lo que suele ir muy ligado a su forma de ser... Y los quieres pero no puedes evitar poner cierta distancia entre tú y ellos, por una cuestión de prudencia y de salud mental, ellos son como son y no los vas a cambiar. Tengo, que me acuerde ahora, al menos cuatro amienemigos identificados. 

Seguro que si lo pensáis con detenimiento tenéis al menos un amigo que se encontraría dentro de esta categoría.

Os dejo un vídeo de unos chicos cuyo nombre (el del grupo) me viene al pelo "fuego amigo" :)



Hoy algo cortito... feliz jueves!!!


sábado, 10 de noviembre de 2012

Ella, ahora que nadie nos oye...

... te contaré algo sobre estos últimos meses:

Sobre la amistad y otros cuentos.

No es difícil hablar sobre amistad, creo que a estas alturas de mi vida puedo contar con pocos amigos, ya lo dije en otra entrada, pero tan buenos que parecen legión. Si alguien se mide por la calidad de sus amigos yo puedo considerarme afortunada, mucho!

Empezaré por las "decepciones", lo otro es fácil, hablar de los amigos que quieres y te quieren es fácil, hablar sobre los que creíste eran amigos no lo es tanto, implica "desnudarse", admitir que te equivocaste y, por qué no, que dolió. Pero el pasado, y los errores, son eso: experiencias y sirven para aprender.

Le abrí las puertas de mi casa, hasta entonces no nos habíamos conocido personalmente pero había cercanía, ella estaba pasando por momentos difíciles y además yo colaboraba en un proyecto del que ella formaba parte. Surgió la oportunidad de conocernos en persona y le abrí las puertas de mi casa, no una sino dos veces. Y era encantadora, me trajo hasta "regalos", ya lo decía mi abuela: "a una casa a la que te invitan no debes ir con las manos vacías", yo soy de la vieja escuela y así me lo tomé. Lo cierto es que en poco tiempo se había convertido en una "gran amiga", incluso le hablé de un tema personal -en realidad me preguntó directamente, me "sonsacó" en plan "súper amiga"- que no sabía nadie, y no es que fuera un secreto ni pudiera "no contarse", era simplemente, que nadie sabía nada al respecto. Pero ella tenía que saber... y ese fue su error, a raíz de eso se "destapó" toda una trama de mentiras, engaños, difamación... y descubrí que su acercamiento había sido "interesado" desde el principio, aquella que creía era una muy buena amiga, era una persona "enferma" cuyos tejemanejes me habían alcanzado, por casualidades de la vida, a mi... y a mucha más gente, cuyo "buen rollito" respondía a intereses particulares. Y digo particulares porque lo hizo al margen de otras personas, con las que colaboraba, colaborábamos,  que habían depositado su confianza en ella y no tenían la menor idea de lo que ella hacía "por detrás". Y claro, la verdad solo tiene un camino... y se supo todo. Esta amiga que nunca lo fue consiguió exactamente lo que no pretendía, que se destapara un asunto mucho más turbio que sus intenciones que de por sí ya eran oscuras.

Llegados a este punto, y siendo mujer como lo soy, os contaré un secreto, un secreto a voces, las mujeres somos "brujas"... mis mejores amigos son la mayoría de sexo masculino, cuando logras traspasar la barrera de lo afectivo, y de lo sexual, no hay mejor amigo de una mujer que un hombre. 



Respecto a los buenos amigos, a los de verdad, poco que decir que no sepáis, qué los cuidéis y sobre todo ya sabéis, pues lo he repetido en varias ocasiones, tú mejor amigo eres tú mismo, así que... quiérete mucho! 

Buen finde!!

Lisy.




lunes, 2 de enero de 2012

De qué huyen los besos ...


De los gritos y de los cronómetros,

del exceso de perfume o maquillaje,

los besos huyen de las órdenes y la impaciencia,

de las noches que se vuelven tristes de pronto.

A veces se asustan del ajo, 

como los vampiros, y de la cebolla;

del miedo se asustan casi siempre.

Los besos huyen

de las mentiras, de la repetición desmesurada, 

de esos días en los que todo sale mal.

Ah! y al contacto con los celos, 

son retráctiles como los cuernos del caracol.

Cuando ven a una madrastra envidiosa,

a un perro gruñón o un murciélago rojo, 

los besos se desvanecen

dejando en el aire un polvillo de mariposa.


Del libro "Besos que fueron y no fueron"


Felices besos y feliz 2012.

Lisy.


miércoles, 22 de junio de 2011

Dicen ...

Dicen que las segundas partes nunca son buenas. Y quizá tengan razón, quizá es mejor dejar las cosas como están cuando están bien, cuando están en lo más alto. Y quemar los puentes. Tendrás un bonito recuerdo, eso seguro. Pero ¿y si merece la pena? Puede ser una segunda oportunidad para alguien que se equivocó con la primera. O puede ser la continuación perfecta de una historia que parecía que había terminado, la versión definitiva después del borrador. Puede ser incluso mejor que la anterior, porque has aprendido cosas, has crecido y recuerdas dónde tropezaste, puedes volver al lugar de la caída, levantarte y seguir hacia delante. Los errores de principiante ya no ocurren en las segundas partes, ni las heridas superficiales, ni el miedo a equivocarse. Y de repente, ahí la tienes, la ocasión de arreglar las cosas, de hacerlo mejor, o incluso de volver a equivocarte… ¿Y por qué no? 

La verdad, desconozco la autoría de este libro (o lo que sea), lo buscaré. Lo he encontrado en mi Facebook, en el muro de mi amiga Pitu, me ha gustado y lo comparto. No por el significado literal del texto, si no porque si lees más allá, verás que, en el fondo, se trata de perder el miedo, el miedo a vivir plenamente.

Y aquí os dejo otra reflexión, esta de Elsa Punset, de su libro: Brújula para navegantes emocionales, altamente recomendable sobre todo para los que tenemos hijos.

Cuando el teatro de las relaciones humanas se nos queda demasiado estrecho, nos ahogamos en nuestra soledad. Entonces quisiéramos romper las barreras que nos separan de los demás, pero nuestro entrenamiento de años nos lo pone muy difícil: el miedo al ridículo, al rechazo o a la incomprensión nos acota en nuestra soledad. Hemos aprendido a hablar para confundirnos, pero no para comunicarnos. De nuestros afectos disimulamos más de lo que mostramos, a veces por pudor, otras para no sentirnos vulnerables. A los demás les pasa lo mismo. Nos pasamos la vida esperando que el otro de el primer paso, pero probablemente tampoco sea capaz de darlo, porque pocas personas mantienen la capacidad de expresarse genuinamente. En la edad adulta, resulta muy difícil escapar de la expresión convencional y limitada de los sentimientos de amor y afecto. Nos censuramos automáticamente, a diario, casi sin darnos cuenta, y pagamos un alto precio a lo largo de una vida en soledad.
Queda el refugio del amor romántico. Allí aún sigue siendo aceptable regirse por motivos irracionales que escapan a la camisa de fuerza de lo aceptable. En la maraña de relaciones sociales estructuradas que nos rodean, el amor apasionado, supuestamente irracional, nos permite escapar de la prisión de nuestras mentes y tender un puente entre dos personas, sin palabras. Es un milagro frágil y efímero. Cuando ocurre, la mirada y el roce de la piel resultan mucho más elocuentes que las formas admitidas de relacionarnos socialmente. 

Y aunque ambos textos hablan de amor, os recomiendo una versión "amplia" de los mismos, leedlo cambiando las palabras amor por amistad, o por cualquier otra que os venga a la mente, os sorprenderá.

Os deseo una vida llena de cosas por hacer, de ilusión, de ganas de vivir "sin miedo", de muchos ... ¿y por qué no?. Sed felices o, al menos, intentadlo, si lo hacéis ya tendréis media batalla ganada.

Y sonreíd, sonreíd a la vida, a los amigos y a los que no lo son, sonreíd incluso a las adversidades y a quien te ponga mala cara, sonreíd siempre :)

Lisy

domingo, 18 de abril de 2010

Del amor y el desengaño. Capítulo III.


Los siguientes años, con Carlos fueron los mas felices para Marta, sobre todo los dos primeros, aun hoy los recuerda con añoranza. 

En aquellos primeros años Carlos cumplió 18, se sacó el carné de conducir y su abuelo le regaló su coche, prácticamente nuevo, pues el ya no lo utilizaba debido a su avanzada edad.

Los fines de semana los pasaban a las puertas de un pub en la zona de Canovas, en la calle, no eran los únicos, había mas gente fuera que dentro, era la tónica general, sobre todo por el hecho de que en muchos pubs había que pagar para entrar, así las cosas, la zona de Canovas era un hervidero de gente en las aceras yendo y viniendo, Marta no entendía por qué tenían que quedarse en la calle, sobre todo en invierno, solo entraban para pedir algún cubalitro de vez en cuando.

Algunos sábados, tras horas a la puerta de aquel pub, iban a una discoteca o al Perelló en verano, pero aquel pub en la esquina entre Ciscar y  Conde Altea era su "cuartel general". En verano iban al Náutico, algunos fines de semana a su casa, para tener un momento de intimidad o bien, al chalet que los padres de el tenían en La Cañada, dependía de cual de las dos casa estuviera vacía. En invierno, por descontado seguían yendo a esquiar. Todos los finales de año, en vez de gastarse un dineral yendo al Ateneo, o a cualquiera de las muchas fiestas que se organizaban en Valencia, los pasaban en la nieve, bien en Andorra, bien en Los Alpes.

Esos primeros años fueron los mas felices que Marta recuerda. Un verano, Marta se fue a La Manga, con su amiga, una de aquellas con las que hiciera aquel viaje a la nieve en el que Carlos y Marta se conocieron. Aquel viaje, cuando lo piensa hoy, fue una locura, para sus padres, se iba a casa de su amiga, con toda su familia, pero la verdad era que no sabía donde iba a dormir, se iba para tres semanas, aunque iba a estar en La Manga dos semanas y la tercera con Carlos en Javea, todo esto sin teléfonos móviles, con una dirección, incompleta, del apartamento de su amiga en La Manga.

Marta cogió un autobús en la estación de autobuses de Valencia destino Murcia, luego debía coger otro a La Manga, pero hubo un fallo de horarios y se encontró en la estación de autobuses de Murcia, sola, a las 7 de la tarde, con una enorme maleta, sin ruedas por supuesto y con que el último autobús de ese día a La Manga había salido a las 6:30, su amiga la esperaba después de comer y era obvio que no iba a llegar.

No se le ocurrió otra cosa que coger un taxi, llevaba diez mil pesetas para las tres semanas, comer y conseguir alojamiento, no llevaba mas pues su madre creía que iba a estar con los padres de su amiga, pensaba conseguir trabajo en la manga para esas dos semanas, le preocupaba cuanto le iba a costar el taxi. El primer taxi de la fila, el que debía coger, tenía diez años por lo menos y olía a todo menos a limpio. Le dijo al taxista que quería ir a La Manga, a un edificio al lado del Casino, le preguntó cuanto le costaría y lo que iban a tardar, el taxista le dijo que era mas de una hora de camino, casi dos y que le cobraría lo que marcara el taximetro, Marta se quería morir allí mismo y no rompió a llorar porque se armó de valor y se tragó las lágrimas que ya habían empezado a asomar a sus ojos, no tenía mas remedio que ir, no podía volver a Valencia, tampoco había autobús hasta el día siguiente y se subió al taxi, sin pensarlo mas. El taxista le dijo que se sentara delante que iría mas cómoda y partieron hacia La Manga.

Fue y seguirá siendo, por mucho tiempo, el peor viaje en coche que Marta ha hecho, el taxista no hacía mas que fumar y hablar, cada vez que hablaba, giraba la cabeza, dejaba de mirar la carretera, una carretera angosta y oscura, mal señalizada, ya estaba anocheciendo, y cada vez que volvía la cara hacia el frente, daba un volantazo, pues se le iba el coche, Marta, que conducía, sabía que siempre había que mirar al frente, a la carretera, aunque se estuviera hablando, pero no se atrevía a decirle nada al taxista, aun hoy, cuando ve a alguien conduciendo, hablando, como si en vez de estar al volante de un coche estuviera en un bar, conversando tranquilamente y girando la cabeza hacia quien tiene al lado, yendo de un lado a otro de la carretera, con movimientos bruscos de volante, se acuerda de aquel taxista. De pronto la conversación de aquel hombre, delgado, con la cara muy delgada y arrugada, quemada por el sol, desaliñado, sucio, se volvió mas soez, empezó a hablarle de sus relaciones con las mujeres, en un tono que a Marta le inquietaba y ahí, en ese punto, es cuando pensó, ahora para, me viola y me deja tirada en la cuneta. Aunque no paso nada de eso, Marta pasó las peores dos horas de su vida.

Llegaron al Casino de La Manga, el taximetro marcaba mas de tres mil pesetas, aunque caro Marta pensó que no le había salido tan mal, le quedaba aun otra sorpresa, el taxista le dijo, son seis mil y pico, Marta abrió los ojos todo lo que pudo, volvió a mirar el taximetro y le contestó, pero si ahí pone tres mil ... aquel hombre le contestó, me tienes que pagar la vuelta. Marta pagó, bajo su maleta de aquel taxi y en cuanto se quedó sola rompió a llorar, todas las lágrimas que se había tragado acudieron, sin freno, sin control, a sus ojos.

Menudo panorama tenía delante, le quedaban poco mas de tres mil pesetas, no sabía, exactamente,cual de los tres edificios que tenía delante era el de su amiga y tampoco se acordaba de la puerta, era un apartamento alquilado y en los timbres no ponía ningún nombre conocido, de hecho no ponía casi ningún nombre, no tenía móvil, ni teléfono al que llamar aunque fuera desde una cabina, y eran las 9:30 de la noche. Marta seguía llorando, angustiada, a todo el que se acercaba al patio que por las explicaciones que esta le había dado, creía que era el de su amiga, le preguntaba si conocían a una familia de Valencia, en una torre de mas de veinte pisos y con varias escaleras.

Finalmente, quizá porque tanta mala suerte era imposible, una mujer que estaba abriendo la puerta del patio, le dijo que si, que los conocía y le dijo la puerta y la escalera. Marta llamó al timbre que le había dicho aquella señora y le contestaron. Marta subió y tuvo que enjugarse las lágrimas, cambiar la expresión de su cara y sonreir para no tener que contar toda la odisea delante de los padres de su amiga y de otros amigos de estos. Esa noche se quedó a dormir allí, era tarde y no podían buscarle nada, además, los padres de su amiga no sabían que Marta no tenía donde dormir. Se quedaron solas en el apartamento ya que los demás se fueron a cenar y Marta le contó, entonces, lo que le había pasado.

El hermano de su amiga, mucho mayor que ellas, un chico con iniciativa, con mucha iniciativa y recursos, era el encargado de buscarle a Marta donde dormir además de buscarles a ella y a su hermana trabajo, un trabajo que finalmente fue de "go-gos" en una discoteca, gestiones por las que les iba a cobrar la mitad de lo que cobraran. Al día siguiente Nacho que así se llamaba el hermano de su amiga, volvió con buenas noticias, no solo les había encontrado trabajo si no que había encontrado donde se podía quedar Marta y además, gratis.

Parecía que las cosas empezaban a ir bien. Marta fue a conocer a quien le iba a dejar quedarse en su casa, una chica simpática, agradable con la que Nacho, que tenía un morro que se lo pisaba, estaba enrollado y se lo había pedido como favor, solo hacía unos días que se conocían. Ella trabajaba de cantante en el piano bar del Hyatt y estaba con su hermano, al que Marta solo vio en una ocasión, en su casa, en Cala Reona, sus padres estaban de viaje.  

Los dueños de la discoteca en la que iban a trabajar, Tripss, se habían tragado que Marta y su amiga eran "go-gos" de Puzzle, ni ella ni su amiga habían puesto un pie en Puzzle en su vida y jamas habían trabajado de "go-gos", les iban a pagar diez mil pesetas por noche, Nacho que se llevaba la mitad de cada una, ademas de hacerles de "manager" y llevarse una suculenta comisión, las llevaba y las traía en su coche, un Jeep, verde militar, del año de la Piqué.

Las siguientes dos semanas fueron de vértigo, bailar toda la noche, madrugar para pasar el día con los padres de la amiga de Marta, que no sabían nada del trabajo de "go-go" de su hija y de Marta, disimular el cansancio y dormir en la playa después de comer para poder estar descansadas para la noche, Marta que ya estaba muy delgada, perdió varios kilos en esas semanas.

Llego el momento de irse a Javea, Marta había quedado con Carlos el día concreto y la hora concreta en que llegaría, había consultado los horarios del autobus de La Manga a Javea cuando programó el viaje, antes de salir hacia La Manga y desde que saliera de Valencia no había hablado con Carlos pues este no tenía teléfono en Javea. Pero, evidentemente, los planes se iban a complicar, en la discoteca les pagaban a diario, cuando terminaba la sesión, pero esa última noche no les habían pagado, ni la anterior y no se iban a ir sin cobrar, aunque barajaron la posibilidad, habían quedado por la mañana con los dueños de la discoteca para cobrar y el autobús de Javea salía a las 11 pero a esa hora aun no les habían pagado y Marta perdió el autobús.

Cuando les pagaron se fueron todos a la estación de autobuses, el de las 11 lo había perdido, pero salía otro por la tarde y Marta lo cogió, no tenía mas remedio. Se pasó todo el viaje rezando para que Carlos estuviera esperándola cuando llegara y así fue, allí estaba, Carlos le contó que cuando no la vio en el autobús que debía llegar, preguntó y al decirle que había otro por la tarde se imaginó que lo habría perdido y decidió volver a la tarde.

Carlos también había contado una historia a sus padres para poder quedarse una semana mas en Javea, ellos habían estado en el chalet de sus abuelos y toda la familia, excepto Carlos, había vuelto a Valencia. Se suponía que el se quedaba una semana mas con sus amigos, que venían de Valencia, en un Camping. Evidentemente, sus amigos se quedaron en el camping pero Carlos y Marta se buscaron una habitación en un hostal, era una habitación pequeña con pocas comodidades, pero les daba igual, estaban juntos.

Marta estaba feliz, todo había salido bien al final, tenía mas dinero en el bolsillo que cuando se fue, había comido y cenado, casi todos los días, con los padres de su amiga y el alojamiento le había salido gratis, también volvía con unos cuantos kilos menos y mucho cansancio acumulado, pero enseguida se recuperó al lado de su novio, descansando por fin. Días de playa y sol y noches de amor.

Lisy.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Del amor y el desengaño. Capítulo II

Marta, que ya tenía 20 años, estaba cursando una diplomatura, era abril y  como todas las vacaciones de Semana Santa y Navidad se iba a la nieve, a esquiar, con sus amigas. Ese viaje le reservaba una grata sorpresa.

En estos años, tras su decepcionante relación con Jorge había tenido un par de novios,  relaciones  de las que no voy a dar cuenta pues pasaron por su vida sin pena ni gloria.

El día de salida, a pesar de que ya había pasado por ello en varias ocasiones, Marta estaba emocionada y nerviosa como la primera vez, los autobuses esperaban en la explanada de la Avenida Aragón, junto a la plaza de Zaragoza, unos cien jóvenes aguardaban en pequeños grupos, junto con sus familias, maletas y esquíes, el momento de subir a los autobuses que les llevarían a Andorra, a Pas de la Casa. No todos se conocían al inicio del viaje, la alegría y emoción eran evidentes, a la vuelta esa alegría se tornaría cansancio y los pequeños grupos que hoy se distinguían claramente, se ampliarían con nuevas amistades.

A Marta este viaje en cuestión iba a cambiar sus siguientes cuatro años mas allá del hecho de hacer nuevos amigos.

Al llegar a Pas de la Casa, repartieron las habitaciones y Marta y sus amigas se acomodaron en la suya, dejaron las maletas y salieron a dar una vuelta, era tarde y pronto cenarían, como querían salir pronto a pistas y les quedaban cuatro días por delante, se fueron pronto a la cama.


Al día siguiente llegaron pronto a pistas, tomaron los remontes y bajaron varias veces, eran cerca de las doce y habían parado a descansar en un bar arriba en  pistas, una especie de cabaña, pequeña, de madera con una terraza diez veces más grande, con tumbonas y mesas de madera bajitas, era un día soleado, los días soleados en las terrazas de los bares de pistas, los esquiadores, sentados en cómodas hamacas, dejaban los esquíes en la entrada, se aflojaban las botas, se despojaban de sus chaquetas, algunos hasta se quedaban en maga corta y se acomodaban de cara al sol, con una bebida fresca en la mano y un cigarrillo en la otra, la brisa helada enfriaba lo que el sol iba calentando.

Una Coca Cola después y un par de cigarrillos, descansadas y con la cara roja por el sol, Marta y sus amigas se pusieron en marcha, bajando se encontraron un grupo de chicos, ya los habían visto en Valencia, pero iban en el otro autobús y no habían tenido ocasión de hablar, uno de ellos, un chico alto, moreno, de pelo corto y ojos color canela, pasaba más tiempo en el suelo que esquiando y sus compañeros lo iban dejando atrás, ya que ellos si sabían esquiar, Marta se acercó a el y le dio un par de consejos, se presentaron, y fueron bajando entre charlas, caídas y risas. Carlos, que así se llamaba el chico continuó con ella durante todo el día, sus amigos habían seguido por su cuenta y las amigas de Marta también, comieron juntos y cuando cerraron las pistas Carlos sugirió que podían quedar para cenar todos juntos.

Marta acudió a la habitación donde ya estaban sus amigas ávidas de noticias, ¿qué ha pasado? ¿como se llama? cuenta, le decían, Marta les contó y les dijo que había quedado para cenar con ellos. A las ocho en punto estaban bajo, en el hall del aparthotel, al poco llegaron ellos y se fueron a cenar, a una pizzería. Pas de la Casa es un sitio algo caótico, las calles llenas de coches aparcados a ambos lados se estrechan hasta el punto de no dejar pasar a otros coches y los autobuses se las ven y se las desean para llegar a la puerta de los hoteles; los bares, restaurantes y tiendas, llenan los huecos que quedan entre entradas a edificios de apartamentos y hoteles, las aceras, estrechas de por si, se hacen mas angostas por las terrazas de los bares y restaurantes y por los escaparates de las tiendas que se prolongan hasta la calle, lo que hace que la gente tenga que bajar de la acera y andar por la carretera, lo que a su vez, complica más si cabe el tráfico. En la pizzería, Marta se sentó al lado de Carlos, le gustaba y pensaba que podría ser correspondida. No pararon de hablar en toda la cena, era como si no hubiera nadie mas con ellos, Marta se iba haciendo ilusiones, cada vez mas fundadas. Al terminar la cena, propusieron ir a tomar algo, Andorra y sobre todo Pas de la Casa, en costumbres, es mas francesa que española y la discoteca donde fueron a tomar algo, parecía más un pseudo pub que otra cosa, pequeña, oscura, con mala música y carisima.

Pero a Marta y a Carlos no les importaba, no paraban de hablar y cuando sus amigas le dijeron que se iban, Marta se despidió de Carlos, algo contrariada pues su intención hubiera sido quedarse con Carlos, pero sus amigas no estaban muy a gusto y al día siguiente querían que madrugar. Al llegar a la habitación las amigas de Marta le dijeron:

- ¿Le has preguntado que edad tiene?
- No, ¿por qué?
- Son unos niños, tienen diecisiete años, incluso uno de ellos tiene dieciséis.
- Pues no le he preguntado, pero parece mayor.

Marta se quedó toda la noche pensando, la verdad es que  habían hablado de muchas cosas, pero de la edad no, al día siguiente habían quedado en los remontes, para subir juntos a pistas, ya que Carlos quería que Marta siguiera enseñándole a esquiar, pasaron todo el día juntos, las amigas de Marta iban por otro lado, a veces bajaban con los amigos de Carlos, a veces solas, pero se vieron todos para comer.  Por la tarde, a las cuatro y media, Carlos y Marta, se sentaron en una terraza a tomar algo y  Carlos  le cogió la mano,  a Marta le corrió un escalofrío por el cuerpo, se acercaron el uno al otro y se besaron, fue el beso mas dulce y deseado que Marta recordaba, antes de irse Marta le preguntó:

- ¿Te puedo hacer una pregunta?
Carlos esbozó una sonrisa y contestó:
- Si, claro.
- ¿Qué edad tienes?
- Diecisiete ¿y tu?
- Veinte, ¿cuando cumples los dieciocho?
Carlos volvió a sonreír.
- El catorce de marzo, ¿te preocupa?
- Hombre ... algo si.
- A mi no, y a ti tampoco te debería preocupar.
Y se volvieron a besar

Pasaron el resto de la tarde juntos, la noche y los días siguientes.

A Marta, sus amigas, le reprocharon que no pasara más tiempo con ellas, pero sobre todo lo que más le repitieron, una y otra vez, era el hecho de que Carlos tenía diecisiete años, Marta no es que le diera igual, pero no notaba la diferencia de edad, Carlos era de esos chicos que, como se suele decir, tenía la cabeza muy bien amueblada, y ella se sentía muy bien con el.

El viaje, el mejor que había hecho Marta a Andorra, llegaba a su fin y Carlos consiguió que le cambiaran de autobús, con lo que a la vuelta viajaron juntos, uno al lado del otro, entonces Carlos le dijo:

- Tengo que decirte una cosa.
Esta frase le puso los pelos de punta y Marta contuvo la respiración.

- Dime.
- Tengo novia
A Marta se le calló el mundo encima, se le hizo de noche.

- Déjame que te explique, antes de irme de viaje ya le dije que no quería seguir con ella, intenté cortar, pero ella me pidió, por favor, que nos diéramos un tiempo y yo, como me iba de viaje, le dije que si, que nos dábamos un tiempo y luego ya veríamos.
Marta empezó a ver la luz.
- ¿Y que vas a hacer?
- Ya te lo he dicho, cortar con ella.

Marta a pesar de lo que le había dicho no podía dejar de preocuparse, - ¿y si no corta con ella?, ¿y si se lo piensa mejor?-  Lo veía todo negro, la diferencia de edad, la novia que no era novia, todo.


Llegaron a Valencia y el le prometió que la llamaría, aunque Marta también le dio su teléfono, se prometió a si misma que no le iba a llamar, que esperaría a que lo hiciera el. Carlos llamó tres días después, los tres peores días de Marta en mucho tiempo.

Carlos le dijo que no le había llamado antes porque había estado con  Patricia, su novia, había cortado con ella, pero aun le seguía llamando y quería volver a verle, había ido incluso a hablar con sus padres ya que veraneaban en el mismo sitio y se conocían, pero el estaba decidido, no iba a dar marcha atrás, le dijo que necesitaba unos días más, ya que Patricia le llamaba todos los días llorando,  venía un fin de semana pero quedaron para verse el fin de semana siguiente y Marta asintió.

Aquellos días pasaron lentos, lentisimos, para Marta, sus amigas le repetía que no se preocupara, pero Marta no podía evitarlo, estaba preocupada, asustada, nerviosa, más aún por el hecho de que no volvió a saber de Carlos hasta el viernes siguiente.

Quedaron el sábado por la tarde, en una heladería, en La Cañada, donde el pasaba las vacaciones y los fines de semana, le pidió que fuera ella hasta La Cañada, ya que el se iba por la noche, con sus padres, a pasar el fin de semana, además del hecho de que Carlos no tenía carné, ni coche, ni moto.

El sábado, Marta acudió a donde le había dicho Carlos, allí estaban sus amigos, los que habían viajado con el a Andorra y otros que Marta no conocía, se sentía un poco fuera de lugar, en parte porque ella era la mayor de todos los que allí había y en parte porque sentada a la mesa con ellos estaba la hermana de la que había sido novia de Carlos, con su novio, otro amigo de Carlos a quien Marta no conocía, como había tanta gente, Marta no podía preguntarle como había quedado con el "asunto", pero suponía que si ella estaba allí, significaba que ahora ella era su novia y no la otra.

Entonces aparecieron dos chicas, en moto, se sentaron y Marta notó como la miraban de arriba a abajo, Carlos no les presentó, estuvieron un rato sentadas y al poco se fueron con el resto de chicas de la mesa, entonces Carlos le dijo,

- Esa que ha venido en Moto, la que conducía, es mi ex.

Marta entonces se compadeció de aquella pobre chica, debía haber pasado un mal rato. Aquella situación se volvería a repetir ya que Patricia era del grupo de amigos de Carlos,  aunque no por mucho tiempo. Pero Marta se sentía feliz, Carlos estaba con ella e iban a pasar cuatro años juntos estupendos con un final amargo, pero esta es una historia que deberá ser contada en otro momento.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Del amor y el desengaño. Capitulo I.

Marta acababa de cumplir dieciocho años, creía que ya lo sabía todo, se sentía adulta. Jorge, un chico de pelo rizado, rubio, guapo, con un cuerpo estupendo esculpido por el deporte, tenía cinco años más que ella y como se dice vulgarmente, le daba veinte vueltas. De hecho, había estado interno en un colegio en Madrid y, con dieciséis años, había tenido una amante, no creo que sea correcto llamarla novia, que le sacaba veinte años. Ella iba a por el al internado los fines de semana que Jorge no volvía a Valencia con sus padres y se lo llevaba a su casa haciéndose pasar por su tía, según el, se lo había enseñado todo.

Llevaban saliendo juntos casi un año, se veían a diario de lunes a jueves y algunos fines de semana, ya que casi todos los viernes Jorge se iba a Cullera, a pasar el fin de semana navegando, su gran pasión era el windsurf y daba igual que hiciera frío o calor, verano o invierno el se iba y Marta lo aceptaba.

Ella tenía carné pero no tenía coche, ella estudiaba. El tenía coche y una moto de gran cilindrada, trabajaba de interino en el ayuntamiento de Valencia, el nunca le dio la más mínima señal de que quisiera que le acompañara a Cullera el fin de semana, ella habría ido de buen grado, aunque si iban los jueves, después de ir al cine, al apartamento que los padres de Jorge tenían allí, el dejaba que condujera Marta, mientras, se liaba un porro, se tiraba el asiento hacia atrás y se lo fumaba, luego llegaban al apartamento, hacían el amor, charlaban, se reían, a veces discutían, nada importante y volvían a Valencia.

Así transcurría su relación, Marta estaba muy enamorada y creía, estaba convencida, de que era correspondida. Entre semana solían quedar en Zorba´s, un bar en una zona de moda en Valencia, hablaban, se besaban, incluso las tardes de invierno ellos estaban en la terraza de Zorba´s, embelesados, el frío no les afectaba.

Un sábado de verano Marta había salido con su grupo de amigos de fin de semana, ellos tenían coche y a alguien se le ocurrió ir a Cullera a tomar unas copas por la zona de pubs y luego a la discoteca, la idea a Marta le pareció estupenda, se acordó de Jorge, pero estaba acostumbrada a no verlo el fin de semana y la idea surgió expontaneamente, así que no se le pasó por la cabeza llamarle, además, era tarde y Jorge ya no estaría en el apartamento, no podía avisarle, si hubiera ocurrido hoy, le habría llamado al móvil o enviado un mensaje y nada de lo que sigue hubiera pasado, pero, entonces, no había móviles.

Al llegar a Cullera dieron una vuelta por la zona del centro del pueblo, en una sola calle se concentraban casi todos los pubs, con sus respectivas terrazas, y se sentaron en una de ellas a tomar una copa, de repente Sara dijo:

- Marta, no es ese tu novio.

Marta se volvió y vio a Jorge, en ese preciso momento Jorge beso a la chica que tenía a su izquierda y Marta se quiso morir, todos habían visto lo mismo que ella y se habían dado cuenta de lo que eso significaba, Marta temblaba, estaba tan nerviosa que no le salían las palabras, quería llorar pero tampoco asomaban las lágrimas a sus ojos, tomó la copa que le habían servido minutos antes en sus manos y se la bebió de un trago, todos esperaban la reacción de Marta pero nadie se atrevía a decir nada y Sara rompió el silencio.

- Vamos a saludarle.

Marta se rió, era una risa nerviosa, seguía temblando, su corazón latía tan fuerte que creía que se le iba a salir del pecho, pero cogió a Sara de la mano y se levantaron hacia la mesa donde estaba Jorge en la terraza del local contiguo, como podréis imaginar todos estaban pendientes de lo que iba a pasar.

Jorge, no la había visto llegar ni se había percatado de su presencia y cuando ella se acercó y le puso la mano en el hombro se quedó blanco.

- ¿No nos vas a presentar? dijo Marta mirando a la chica que estaba con el.

En la mesa estaba también Raúl, el mejor amigo de Jorge, a quién Marta conocía muy bien y otra chica, Marta no la conocía, se moría de ganas de saber quien era la que estaba besando a su chico y que explicación le iba a dar Jorge al respecto, pero se quedó con las ganas. Era tan tensa la situación que si hubiera caído un vaso al suelo todos habrían dado un salto. El, nervioso y sin levantarse de la mesa, contestó:

- Marta, Mercedes, Mercedes, Marta.

Y Mercedes se levantó para darle dos besos a Marta, Jorge seguía sentado, Marta los hubiera ahogado allí mismo, a ella y a el, pensaba montarle una escenita, pero se retuvo, era un día caluroso de verano y ella seguía temblando, el no hizo ademán de querer seguir con la conversación y Marta volvió a su mesa, - me alegro de verte, le dijo mientras Marta se alejaba. Marta rompió a llorar al llegar a su mesa con Sara, sus amigos la intentaron consolar lo mejor que pudieron, Marta no quería seguir allí, viéndolos, a pesar de que, ahora, Jorge ninguneaba a Mercedes y seguía nervioso, de hecho todos lo estaban, nerviosos e incómodos, así que Marta y sus amigos decidieron irse a la discoteca.

Pero el destino aun le guardaba una sorpresa a Marta. Gracias a sus amigos Marta parecía estar divirtiéndose, lo intentaba, pero en Cullera solo había una discoteca de moda y Jorge debió pensar que Marta se habría vuelto a Valencia. Entonces ella le vio, allí estaba con Mercedes, Raúl y la otra chica, ahora el si la había visto, pero ni la saludó.

Media hora después, Marta, cansada de hacer como si no pasara nada se fue directa hacia Jorge.

- podemos hablar, le dijo.

Se apartaron lo suficiente para que nadie les viera y Marta, con lágrimas en los ojos le preguntó.

- ¿Quién es esa?.
- Mi novia.
- ¡Tu novia!, ¿tu novia no soy yo?.
- Yo nunca te he engañado, nunca te prometí nada, estoy con ella desde hace años, cuando te conocí lo habíamos dejado, pero ahora hemos vuelto.
- ¿Habéis vuelto?, podrías habérmelo dicho, ¿que quiere decir eso de "nunca te prometí nada"? ¿acaso hace falta prometer que no me vas a engañar?, si estas con otra persona ¿no debería saberlo?
- Yo nunca te prometí nada, repitió.
- No tienes razón, me has hecho mucho daño.

Ya no pudo decir nada mas, se fue llorando, las palabras de Jorge sonaban en su cabeza "yo nunca te prometí nada", estaba indignada, Jorge le ponía los cuernos y encima se lo explicaba, le hacia ver que la culpa era suya, por creerse que eran novios, ¿acaso no lo eran? No alcanzaba a comprender que quería decir, exactamente, "yo nunca te prometí nada".

Después de aquello Marta no volvió a saber de el, después de muchas noches llorando, casi había logrado olvidarle y unos meses después Jorge volvió a llamar, - ¿quedamos para un cine? le dijo, era jueves.

Y quedaron, y fueron al cine y luego fueron a Cullera a lo que ya os imagináis, la muy tonta ni le preguntó si seguía con Mercedes, el viernes Jorge se fue a navegar, a Cullera, como siempre, y no volvió a llamar hasta el jueves siguiente, la historia se repitió un jueves tras otro, al cine y a Cullera, al apartamento, así estuvieron un par de meses hasta que a Marta, pobre infeliz, se le ocurrió preguntar si aun seguía con Mercedes, el le dijo que si, y ella, aquella frase seguía sonando en su cabeza "yo nunca te prometí nada", le pidió explicaciones, ¿acaso no sabía ya la respuesta?.

A el no le parecía estar haciendo nada malo, al fin y al cabo, nunca le prometió nada, y se lo hizo saber, - tu y yo estamos bien así, le dijo, Marta contestó, - tu estas bien, pero yo estoy atrapada en una relación que no me lleva a ninguna parte, no puedo salir con nadie pues estoy contigo y yo no soy como tu, - tu misma, le dijo el. ¿Tu misma?, pensó Marta, ¿tu misma? sus respuestas le dejaban sin palabras, pero esta vez le contestó.

- No quiero que me vuelvas a llamar, no quiero volver a verte, cuando tengas ganas de echar un polvo te buscas a otra por qué yo, paso. Esta situación me hace daño.

Jorge no intentó convencerla, la llevó a casa y se despidió, no volvió a llamarla ... hasta que un jueves, sonó el teléfono.

- ¿Hace un cine?
- No.
- Por los viejos tiempos.
- No.
- ¿Venga?
- Pero solo vamos al cine, no pienso ir a Cullera.
- Vale.

La recogió en casa y fueron al cine, al salir del cine, subieron al coche y Jorge en vez de llevar a Marta a casa, se dirigió a la suya, en Valencia, sus padres no estaban, era verano y se habían ido a Cullera, subieron a pesar de la negativa, no muy convincente por lo visto, de Marta, solo a escuchar música, le dijo el y ella subió.

Llegaron a su casa y pasaron directamente al cuarto de Jorge, allí tenía el equipo de música, puso a Tom Petty, a Jorge le encantaba Tom Petty, de hecho era la música que ponía siempre que iban a Cullera mientras fumaba, se tumbaron en la cama y el empezó a acariciarla y besarla, ella no quería acostarse con el, le decía que no, pero le besaba, varias veces le dijo que no, pero de palabra pues sus actos la delataban, seguía muy enamorada, no había podido olvidarle, a pesar de lo lista que se creía, nunca se había enamorado tanto como para dejarse engañar una y otra vez, había tenido dos novios antes, dos relaciones castas, con chicos de su edad, pero Jorge había conseguido engancharla, habían viajado juntos a Madrid, a Torrevieja, conocía a sus amigos, le había acompañado a "pillar" costo, a pesar de que ella no fumaba, habían pasado muy buenos momentos juntos antes de saber de la existencia de Mercedes, eran novios, o eso creía ella, y allí estaban, el intentando hacerle el amor y ella intentando vencer a su corazón con la razón, entonces Marta rompió a llorar, los besos sabían a sal y el se dio cuenta de lo que estaba pasando, no debía ser tan mala persona, pues si hubiera querido habrían hecho el amor, pero algo debió pasar por su mente, a lo mejor el también la había querido, y dejo de besarla, se apartó de ella y le dijo.

- Vamos, te llevo a tu casa.

Marta se enjuagó las lágrimas y asintió, el la dejo en casa, aun le dio un beso, un beso largo y suave en la boca que fue correspondido, no volvió a llamarla jamas.

Lisy.