De los gritos y de los cronómetros,
del exceso de perfume o maquillaje,
los besos huyen de las órdenes y la impaciencia,
de las noches que se vuelven tristes de pronto.
A veces se asustan del ajo,
como los vampiros, y de la cebolla;
del miedo se asustan casi siempre.
Los besos huyen
de las mentiras, de la repetición desmesurada,
de esos días en los que todo sale mal.
Ah! y al contacto con los celos,
son retráctiles como los cuernos del caracol.
Cuando ven a una madrastra envidiosa,
a un perro gruñón o un murciélago rojo,
los besos se desvanecen
dejando en el aire un polvillo de mariposa.
Del libro "Besos que fueron y no fueron"
Felices besos y feliz 2012.
Lisy.